sábado, 7 de septiembre de 2013
El día 2 de septiembre fue la séptima clase de Desarrollo humano.
No estuve presente, pues no llegué al tiempo de tolerancia de la clase.
Como veces anteriores, mis compañeros del salón me platicaron sobre la clase.
El objetivo de la clase fue: Conocer las teorías de la comunicación y su aplicación en la interacción diaria.
Mis compañeros me platicaron que la maestra hizo una actividad, en donde 2 personas estarían platicando sobre un tema. Una persona más, actuaría como el sonido, moviéndose de un lado a otro. Luego 2 personas más se pondrían de lado de las 2 primeras (1 de cada 1), y uno le estaría diciendo lo que tiene que hacer, y el otro decirle todo lo contrario.
Todo ésto se refería al ruido. El ruido es aquello que nos distrae. Nuestra mente casi nunca está callada, siempre quiere decir algo.
Por eso es importante concentrarse en lo que queremos hacer o decir para que ese ruido sea menos notorio.
Al hablar, también expresamos las emociones, y tanto las emociones como el ruido interior tenemos que saber controlar.
Al final, la maestra explicó lo de la tarea de investigación de las preguntas que se tenían que hacer.
Reflexión:
Aunque no estuve presente en la actividad, puedo imaginarme y relacionarla con la vida diaria; en la escuela, en mi casa, etc.
Debemos aprender a no dejarnos llevar por lo que nuestro ruido mental nos dice o nos distraerá. Hay que saber controlar también las emociones y la forma de expresarnos al hablar. Cuidar los tonos y gestos cuando nos expresemos y por lo tanto prestar atención cuando nos habla alguien, pues a quién no le gusta ser escuchado, y sobre todo, ser entendido.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario